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28 Nov

¡No me mal intérpretes!

Cuando tenemos una conversación con otra persona, a veces no entendemos muy bien porque la otra persona puede reaccionar de una forma no esperada, que incluso nos puede llevar a resultados no deseados como la pérdida de una venta, alejamiento de un cliente, perdida de amistades, etcétera.

Lo interesante de este tema de la comunicación, es que nosotros somos responsables de cómo estamos conversando y asumimos las consecuencia de los resultados, por esta razón, es importante tener las distinción de cómo estamos hablando y qué impacto pueden producir en las otras personas lo que decimos. Al comprender estas distinciones básicas que nos brinda la ontología de lenguaje podemos identificar la raíz de la mayoría de nuestros conflictos a nivel de relaciones interpersonales. Estas distinciones a las cuales me refiero y me gustaría compartir contigo son las afirmaciones y juicios.

Las afirmaciones son el acto lingüístico que tiene la función de describir mundos, estas no son discutibles, por el contrario son comprobables y observables, no existe cabida a discusión. Por ejemplo, “llegaste al trabajo a las 10.30am y viniste vestido con blue jean y camisa blanca”, la frase anterior no es refutable ya que puede ser comprobada por observación, no tiene ninguna carga valorativa, simplemente se describió una situación.

Por el otro lado, tenemos el acto lingüístico de los juicios que son declaraciones que tienen una carga valorativa, definen qué es bueno y malo. Los juicios son discutibles y dependen del observador que emite el juicio, normalmente los juicios hablan más del observador que los emite que del mundo exterior en sí. Sí tomamos el ejemplo anterior, esa misma frase la podríamos decir con juicios de la siguiente forma, “eres un flojo y viniste trabajar vestido horrible”. Los juicios utilizados en nuestro ejemplo son “flojo” y “horrible”, palabras que son discutibles y su significado depende del observador, de hecho, no existe un significado específico que nos describa una verdad absoluta, son conceptos relativos.

La mayoría de los conflictos de las relaciones interpersonales nacen cuando hablamos con juicios y estos son confundidos y tomados por la otra persona como una afirmación, como si fueran una descripción de una verdad absoluta. Al conocer esta distinción pudiéramos concluir, por su evidente beneficio, que en nuestras conversaciones nos conviene hablar por medio de las afirmaciones, para que no existan estas malas interpretaciones.

¿Ahora bien, que pasa con los juicios, será posible hablar sin juicios? Desde mi punto de vista, eso no es posible, ya que, como seres biológicamente emocionales, los juicios son la base de nuestras vidas, inclusive nos da sentido de ella, me gusta decir que en los juicios conseguimos el sabor de la vida. Por esta razón, los juicios siempre activan emociones en las personas, a diferencia de las afirmaciones que son neutrales y desligadas a las emociones. Cabe destacar que existen juicios positivos y negativos, que dependiendo de éstas, activarán una u otra emoción.

Como profesionales, nuestro gran reto es ser buenos Gerentes de Juicios, ya que como vimos anteriormente, no podemos desprendernos de ellos. Finalmente, para evitar los conflictos, cada vez que hables con un juicio es conveniente fundamentarlo o justificarlo por medio de afirmaciones y cada vez que escuches juicios, haz tantas preguntas como sean necesarias para que la otra persona los funde adecuadamente, por medio de afirmaciones y evitar las malas interpretaciones.

Andrés Villanueva